miércoles, 5 de febrero de 2014

TIEMPO DE DIOS: NUESTRA VERDADERA EDAD

El día que conocimos a Dios entramos en su tiempo (por cierto a velocidad vertiginosa) tiempo eterno, es decir,entramos a la eternidad tomados de la mano de Jesucristo.
    Somos espíritu cumpliendo los tiempos asignados en cada proceso, etapa de la eternidad.
    El día que fuiste concebido,(hermosa etapa) , tu espíritu que no tiene edad escuchó las palabras que estaban a tu alrededor , percibió el ambiente que te rodeaba y te impregnabas de lo que las personas que alrededor de tí te impartían, es decir, ya te estabas formando , tanto en tu cuerpo , como tu alma.
  Dios nos hereda restaurar nuestra alma y despertar nuestro espíritu dormido  y hasta a veces muerto,Dios nos heredó su carácter, su mente . Lejos de ello nuestra alma se tuerce de tal manera desde el mismo instante que late nuestro corazón. 
!Cuales fueron tus palabras cuando supiste que venía tu hijo?
¿Cúal era el ambiente que rodeó esos 9 meses de gestación?
Esas experiencias también formaron tu personalidad, tu ser, tu mente, tu alma.
Hoy Dios te pide que reflexiones en esa etapa hermosa de la  formación de tu ser y medites e indagues (inquieras) , con el único propósito de sanar.
  Perdonar,  desarraigar y plantar lo nuevo.
  El Espíritu de Elías ha sido desatado en la Tierra para traer los hijos extraviados a los Padres y se terminé la orfandad natural y espiritual, para sanar las relaciones de hijos y padres, y una de las revelaciones del Espíritu Santo es sanar nuestra vida completa, incluyendo nuestra estadía en el vientre materno. Nuestra verdadera edad es tu edad +9 meses ,es decir si tienes 20 años, tendrías 20 años y 9 meses.
  Los invito a meditar esta palabra fresca de Santo Espíritu, sanar los días de gestación, muchas mujeres son golpeadas, incluso alcohol, droga, malos hábitos, maldad, ira, sufrimiento, han sido insertados en los bebes durante esta etapa , y sin saberlo muchas personas tiene tremendas frustraciones, trancas y enfermedades que no tienen explicación. 
  El bien y la misericordia te seguirán todos los días de vuestra vida, dice el Señor en su palabra. Amén


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